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jueves, 13 de julio de 2017

¿FUTURO?




Estocolmo, 10 de diciembre de 2030

El profesor Drexler no sabe a quién mirar ni a quién atender.
Preguntas, abrazos, sonrisas de satisfacción, miradas cómplices, choques de manos, palmadas en la espalda.

—Enhorabuena profesor es usted un genio.
—El Nobel más merecido de los últimos años.
—Grande muy grande, profesor.
Y muchas más felicitaciones que no es capaz de entender.

Comienza a sudar, aunque la temperatura es agradable, teme manchar su camisa y el frac. Con la mirada busca a Adela, su becaria y su alumna más aventajada.

Adela interpreta el lenguaje corporal del viejo profesor y va en su ayuda.
—Profesor, el Rey le reclama para su discurso.
Adela coge al profesor por el brazo y lo empuja hacia la sala Real.

El profesor sigue con la sonrisa en sus labios, pero consigue agradecer la acción.
—Gracias Adela, me faltaba el aire y estaba a punto de desmayarme.

La sonrisa forzada que dibujaba la cara del profesor se borra después de varias horas. Cae en la cuenta de que le duele hasta la comisura de los labios.

Adela abre la puerta de la sala y el Rey Gustavo de Suecia les espera de pie, junto al gran ventanal en el que se reflejan las luces del exterior.
—Majestad.
El saludo se acompaña por una ligera inclinación de cabeza por parte de Adela.

El profesor no se detiene y extiende la mano que no es rechazada por el anciano Rey.
—Jajaja. En 86 años que tengo, nunca nadie me había estrechado la mano como lo hace usted, profesor.
El profesor se sonroja, gesticula e intenta pronunciar alguna palabra. El Rey le interrumpe.
—Profesor, no se preocupe, no tiene importancia. Le he llamado porque me gustaría que improvisara un pequeño discurso justo antes de los postres. Un mensaje de concienciación medio ambiental que los dos mil invitados puedan transmitir a sus gobiernos, un mensaje que sea transmitido por los medios de comunicación del mundo, como el mensaje de un premio Nobel a la humanidad.

El profesor, para horror de Adela, se toma unos segundos de reflexión.
—Majestad, tenemos la misma edad, ¿cree que alguien hará caso a un par de vejestorios?
Adela se tapa la boca ahogando una carcajada, mientras los dos ancianos ríen.



—“… y podemos decir, con absoluta rotundidad, que el cáncer, en cualquiera de sus manifestaciones, ha sido derrotado. Aun así, deberemos seguir realizando las analíticas pertinentes para su detección, con el fin de que los nanorrobots hagan su trabajo en asociación con nuestros leucocitos”.

El profesor detiene el speech para tomar algo de aire.

“Pero de poco servirán estos avances en medicina si no somos capaces de detener el daño que estamos infringiendo al planeta, es por ello, que desde esta tribuna solicito la cura que necesita el planeta para no destruirnos a nosotros mismos. Y esa cura no es una medicina, no, es mucho más simple, solo hemos de concienciarnos y juntos, exigir a las grandes corporaciones y a los gobernantes que pronto no habrá forma de enriquecerse a costa de los ciudadanos… la humanidad dejará de existir gracias a unos pocos. Por favor, el futuro está en vuestras manos.”  

El rey Gustavo se levanta y avanza el aplauso general.




La cena llega a su fin. El doctor Marcus Steiner, uno de los compañeros de mesa, se ofrece a llevarle al hotel en su coche.
—Profesor, sería un placer acompañarle al hotel en mi coche. Fuera nos espera mi chofer.

El profesor Drexler no conoce al doctor Steiner, pero accede. Se extraña de que el doctor le haga ese ofrecimiento después de estar toda la noche tan poco participativo en las conversaciones. Sacude ligeramente la cabeza.

—Gracias Marcus, será un placer poder continuar charlando con usted.

El profesor, al sentarse en la parte trasera del Rolls se duerme en el acto.

Despierta algo desorientado, sentado en una silla y en una sala rodeado varias personas.
—¡Vaya!, o mi habitación ha crecido en mi ausencia o no estamos en el hotel.

Un anciano que rivaliza en edad con él mismo se levanta de la silla, pone las manos sobre la mesa y habla llenando la sala con su voz grave.
—Profesor Drexler somos los dirigentes del “VHEMT”*.

*VMEHT (MOVIMIENTO POR LA EXTINCIÓN HUMANA VOLUNTARIA)
El VHEMT por sus siglas en inglés (Movimiento por la Extinción Humana Voluntaria), es un movimiento ambiental que pide a la gente que se abstenga de reproducirse para así provocar la extinción gradual del ser humano, y evitar en el futuro una catástrofe digna de la mejor ficción apocalíptica. Su lema es “que vivamos largo tiempo y luego desaparezcamos”

Silencio.

—Conozco su movimiento, pero yo intento curar enfermos y alargar la vida en calidad y cantidad, parece que somos algo antagonistas en nuestras ideas, ¿no?
El profesor habla sin levantarse, parece algo mareado. Deduce que le han drogado.

—Profesor, —continua el anciano— usted, como todos nosotros, sabe que el ser humano va a matar este planeta, nosotros abogamos por una reducción paulatina del ser humano hasta la extinción, de esta forma evitaremos una catástrofe en el planeta y nuevas formas de vida se generarán en un planeta sano y recuperado…

El profesor interrumpe al anciano.
—Señor, discúlpeme, yo no opino como ustedes. Confío en el ser humano.

—Profesor, aceptamos ese desacuerdo, pero vamos a utilizar sus investigaciones y resultados en beneficio del planeta y de las posibles humanidades venideras. Vamos a crear nanorrobots que esterilicen a todo ser humano viviente. Usted puede unirse y capitanear el equipo o bien no hacerlo.

Asustado por el cariz que toma la situación, intenta ganar tiempo.
—¿Puedo pensarlo? —pregunta sin convicción.

—Por supuesto.
Los doce integrantes de la mesa, y el anciano, se levantan desapareciendo por el fondo de la sala.

A los pocos segundos, una figura femenina aparece por el mismo sitio.
—¿Profesor?

—¿Adela? —Se levanta como impulsado por un muelle.

—Si, soy yo.

—Pero…

—Profesor, no se preocupe, nadie va a hacerle daño.

—No me preocupo, a mi edad no hay daño posible.
Sabe que le escuchan e intenta aparentar dureza.

—Profesor Drexler, mi experiencia como becaria en su grupo ha sido enriquecedora…
El profesor interrumpe.

—Sospecho que poco tienes de becaria.

—Si, es cierto. A pesar de mi juventud la nanotecnología molecular y la biología asociada a esta son mi vida.

—¿Has venido a convencerme, Adela?

—No necesariamente. Disponemos de todos los archivos correspondientes a los estudios y he configurado un nuevo equipo. Algunos de sus integrantes son conocidos por usted.

—Pero, la documentación es reservada. está en manos del Gobierno y con acceso limitado a unas pocas personas. ¿Cómo es posible?

—Se me ha olvidado comentarle que la informática tampoco tiene muchos secretos para mí. Además, mi trabajo de becaria en su proyecto me permitió aprender mucho.

Silencio y miradas directas a los ojos. Adela no puede aguantar más la presión de los ojos del profesor Drexler.

-Isaac las cosas están así, con usted en el equipo se reducirán los tiempos, sin usted lo conseguiremos, aunque tardaremos más. Usted elige, no obligue a elegir a mi abuelo.

—Si eso es verdad, ¿para qué me necesitan? El tiempo no debe ser un factor que les preocupe, ¿no?

Adela se marcha por donde entró y apaga la luz. Silencio, oscuridad y reflexión.




El profesor, se cansa del duermevela de toda la noche. Se levanta y a oscuras intenta recordar donde están la sillas y mesas de la sala para moverse un poco, pero no le da tiempo. Regresa la luz y vuelven los integrantes del “VHEMT”, capitaneados por el anciano que habló ayer.

Una vez toman asiento alrededor del profesor, el anciano vuelve a hablar.

—Profesor, en unos instantes le traerán algo para desayunar. Antes nos gustaría conocer su decisión.

—Si, la he tomado.
Una sonrisa adorna el arrugado rostro del profesor Drexler.

El abuelo de Adela ofrece la mano derecha al profesor en un gesto invitándole a hablar.

—Señores, les ayudaré. Tal vez sea la solución para que el planeta no muera con nosotros, pero la humanidad debe tener la oportunidad de salvarse.

Se percibe un ligero suspiro general.

—¿Cómo profesor? —pregunta el abuelo de Adela. Visiblemente más relajado.

—Dependiendo del equipo del que disponga, la consecución de la fórmula para la esterilización humana no será inferior a tres años. Durante ese tiempo trabajaré alejado del mundo concentrado en ello, pero los gobernantes deben ser informados de esta situación y tendrán la oportunidad de revertirla.

—Profesor, eso no funcionará. Lo hemos intentado de todas las formas posibles.

—Cierto, pero ahora dispondrán de un arma que podrán usar sin pedir permiso. Los gobiernos mundiales firmaran un documento con los compromisos que nosotros les expongamos y si los respetan… vivirán. Señores estas son mis condiciones. Por cierto, mi vejiga ya no aguanta más.




Algún lugar de la Tierra, 10 de diciembre de 2033


Los 89 años pesan mucho. El profesor se siente cansado, consumido. No sabe si es más una cuestión biológica o un deseo: su vida se está acabando.

Como todas las mañanas, de los últimos tres años, llega al laboratorio el primero, a pesar de la merma en su desplazamiento. En dos años, la artrosis de su pierna derecha ha pasado de ligera cojera a total inmovilidad. Renunció a una silla de ruedas por un garrote de aluminio endurecido porque decía que se movería más rápido, no lamenta su decisión.

La IA, ante su presencia, enciende las luces, abre las ventanas y saluda al profesor.
—Buenos días, profesor.

El anciano no contesta y entra con rapidez, igual que todas las mañanas.
Hoy es el día en el que cumplirá su compromiso. El arma esterilizadora está lista y en una hora se hará oficial a todos los miembros de la “VHEMT”.
Se detiene ante el gran ventanal. Observa la inmensidad del cielo, nubes y más nubes.

Tres años en el interior de la bóveda, relacionándose con un pequeño grupo de personas, sin recibir información del exterior; concentrado en su trabajo, el que no deseaba pero que se vio forzado a realizar.

El bastón se queda apoyado en la pared. Lo mira y sonríe, ya no lo necesita.

Vuelve sobre sus pasos y le dedica una mirada a las impolutas mesas, a las pantallas, al techo, a las paredes… a los refrigeradores con su creación; ese líquido repleto de nanomáquinas dispuestas a ejecutar las órdenes que transportan en sus circuitos

Cierra los ojos; sabe que no volverá. Sabe que su trabajo ha terminado y que él ya es prescindible y también sabe que la “VHEMT” no va a cumplir su pacto y no va a informar a los gobiernos.
Lo supo desde la muerte del abuelo de Adela, cuando Adela fue nombrada la “jefa”. Siempre sonriente y repleta de frases cariñosas para él, pero sus ojos no mentían.


Sala del acontecimiento

El profesor es acompañado por uno de los asistentes hacia el estrado. La lentitud de su desplazamiento es deliberada, quiere ser el dueño del tiempo.

Cuatro mil ojos, todos los integrantes del “VHEMT” a nivel mundial, lo observan y se impacientan.

El acompañante deja al profesor en la tarima. El profesor apoya las manos en el atril y mira a Adela y a su reloj.

—Estimados todos. En quince segundos recibirán lo que se merecen, aunque no lo que esperan.

Vuelve a mirar a Adela. Sus miradas se cruzan, uno sonríe; la otra grita mientras se levanta de la silla. Corre hacia la tarima, pero su cuerpo se detiene y se envuelve de rojo y amarillo.
Todo es rojo y amarillo… hasta virar al negro.
El bastón ha hecho su trabajo.


4 comentarios:

  1. ?????
    no se llevo a cabo el plan???
    exploto todo junto con todo los del VHEMT???
    me dejas intrigado, todo para nada lejos de la realidad, incluso daría vuelta el termino de ciencia ficción, llamándola ficción científica, no me extrañaría en uso de los nanorobot, ahora no se para que fin...

    saludos!

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    1. Hola CarlosMxAx, si he de explicarte el relato he fracasado. Pensé que quedaba claro la venganza del profesor y como hace desaparecer a todo el VHEMT y así salvar a la humanidad.

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    2. no, para nada, se entendió muy bien, tan solo tenia mis dudas, muy buen relato, como cambia de ritmo de la segunda mitad del texto...
      saludos!

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    3. Gracias por tu opinión y por tu tiempo.

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